Las Islas Azores, pertenecientes a Portugal, forman un archipiélago de origen volcánico situado en pleno océano Atlántico, aproximadamente a medio camino entre Europa y América. Sus nueve islas ofrecen paisajes de una enorme diversidad, en los que volcanes, lagunas, acantilados, bosques, praderas y pequeños pueblos se suceden a poca distancia del océano. Si nos preguntamos qué ver en las Azores, las posibilidades son prácticamente inagotables, porque cada isla tiene una personalidad y unos paisajes propios.
En nuestro viaje tuvimos la oportunidad de recorrer San Miguel, San Jorge, Faial, Pico y Terceira, cinco islas que nos permitieron descubrir una buena parte de la variedad paisajística del archipiélago.
Aunque existen numerosos miradores y lugares a los que se puede llegar fácilmente en coche, nuestro interés estuvo especialmente centrado en recorrer las islas a pie y acercarnos a sus paisajes mediante diferentes rutas de senderismo. Caminar por antiguos caminos, descender hacia las fajãs de San Jorge, rodear la Caldeira de Faial o acercarnos a los paisajes volcánicos de Pico permite descubrir una perspectiva diferente de las Azores, mucho más cercana a la naturaleza.
El origen volcánico está presente prácticamente en todos los rincones del archipiélago. Aparece en las grandes calderas y lagunas de San Miguel, en los acantilados y fajãs de San Jorge, en el volcán de Capelinhos en Faial, en la imponente montaña de Pico o en las formaciones volcánicas de Terceira. Pero las Azores son también bosques de un intenso color verde, costas batidas por el Atlántico, campos de cultivo, pueblos tranquilos y una vegetación exuberante que cambia constantemente el aspecto del paisaje.
En este recorrido vamos a descubrir qué ver en las Azores a través de las cinco islas que visitamos, deteniéndonos en sus principales paisajes, lugares de interés y algunas de las rutas que realizamos durante el viaje.
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Isla de San Miguel: lagunas y paisajes volcánicos
San Miguel es la mayor de las islas de las Azores y una de las que concentra una mayor variedad de paisajes volcánicos. Grandes lagunas, calderas, aguas termales, bosques, cascadas y una costa marcada por los acantilados atlánticos aparecen a lo largo de nuestro recorrido por la isla.
Nos dirigimos hacia el centro de San Miguel, hasta el volcán de Água de Pau, para contemplar la Lagoa do Fogo, una de las lagunas más espectaculares de las Azores. Rodeada de montañas y una abundante vegetación, ocupa el interior de una antigua caldera volcánica y constituye uno de los paisajes imprescindibles que ver en San Miguel.
En la costa occidental encontramos Ponta da Ferraria, un lugar donde el vulcanismo vuelve a hacerse presente. Allí, coincidiendo con la bajamar, es posible bañarse en unas piscinas naturales en las que el agua del Atlántico se mezcla con la procedente de fuentes termales de origen geotérmico. La temperatura del agua depende de las condiciones de la marea, por lo que el momento adecuado resulta fundamental para disfrutar de esta experiencia.
Lagunas y paisajes volcánicos de San Miguel
Las lagunas vuelven a ser protagonistas en nuestra ruta por la Serra Devassa, un espacio de gran belleza situado en el entorno de Sete Cidades. El recorrido nos permite acercarnos a las Lagoas Empadadas, Lagoa do Canário y Lagoa de Santiago, mientras atravesamos un paisaje dominado por la vegetación y los antiguos conos volcánicos.
Durante el recorrido por la isla también nos internamos en espesos bosques de exuberante vegetación, donde las criptomerias, hortensias y conteiras acompañan algunos de los caminos. Entre estos paisajes encontramos también bonitas cascadas, como el Salto do Prego, al que se llega mediante una ruta a pie por un entorno especialmente frondoso.
Otro de los lugares imprescindibles que ver en San Miguel es Sete Cidades, uno de los grandes complejos volcánicos de la isla y uno de los paisajes que no deberían faltar cuando pensamos en qué ver en las Azores. En el interior de su caldera se encuentran las conocidas Lagoa Verde y Lagoa Azul, separadas únicamente por el estrecho puente de tierra que las divide. Desde el Miradouro da Vista do Rei se obtiene una de las panorámicas más conocidas del conjunto, aunque también merece la pena acercarse a las lagunas y recorrer a pie los caminos que permiten contemplarlas desde otra perspectiva.

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Furnas y la actividad geotérmica
La actividad geotérmica alcanza una de sus máximas expresiones en la Lagoa das Furnas. En esta zona volcánica se prepara el tradicional «cozido das Furnas», un guiso que se cocina lentamente aprovechando el calor del subsuelo. Muy cerca se encuentra el Parque Terra Nostra, un extenso jardín botánico en el que crecen numerosas especies de plantas y árboles, y que cuenta con una gran piscina de aguas termales ferruginosas.
Terminamos nuestro recorrido por San Miguel en Vila Franca do Campo, frente a cuyo litoral se encuentra el Ilhéu de Vila Franca do Campo. Este pequeño islote es en realidad un antiguo cráter volcánico parcialmente inundado por el océano, formando una espectacular piscina natural circular. Durante la temporada en la que está permitido el acceso, se puede llegar en pequeñas embarcaciones desde Vila Franca do Campo y descubrir este singular paisaje volcánico desde el mar.
Isla de Faial: la Caldeira, Capelinhos y Horta
Faial es una de las islas más interesantes cuando nos preguntamos qué ver en las Azores, para descubrir la relación entre vulcanismo, naturaleza y paisaje atlántico. Aunque no es una isla especialmente grande, reúne en un territorio relativamente reducido grandes calderas volcánicas, paisajes creados por erupciones recientes, bosques y una costa salpicada de pequeños pueblos. Su capital, Horta, añade además el atractivo de una ciudad estrechamente vinculada al mar y a la navegación atlántica.
La Caldeira y el volcán de Capelinhos
En el centro de la isla se encuentra la impresionante Caldeira de Faial, una enorme depresión volcánica de aproximadamente un kilómetro y medio de diámetro y varios cientos de metros de profundidad. Sus paredes, cubiertas por una intensa vegetación, permiten hacerse una idea de la enorme dimensión de los procesos volcánicos que han dado forma a la isla. Una de las mejores maneras de descubrir este paisaje es recorrer el sendero que bordea la Caldeira, disfrutando de diferentes perspectivas del interior del cráter y de las montañas que lo rodean.
Pero si existe un lugar donde el vulcanismo de Faial se manifiesta de una forma especialmente espectacular es en el volcán de Capelinhos, en el extremo occidental de la isla. Entre 1957 y 1958 tuvo lugar aquí una erupción que se prolongó durante varios meses y modificó profundamente la costa. Las sucesivas emisiones volcánicas hicieron emerger nuevos terrenos frente al litoral y llegaron a unirlos con la isla, aumentando su superficie.
El resultado es un paisaje completamente diferente al que encontramos en el resto de Faial. Los materiales volcánicos, de tonos oscuros y ocres, descienden hacia el Atlántico formando un escenario casi desértico que contrasta con el intenso verde predominante en las Azores. La imagen resulta especialmente sorprendente cuando se contempla desde los alrededores del Faro de Capelinhos, parcialmente afectado por la acumulación de cenizas y materiales expulsados durante la erupción. El Centro de Interpretación del Volcán de los Capelinhos, integrado en este paisaje, permite conocer mejor la historia de aquella erupción y sus consecuencias para la población de la isla.

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Horta, la capital de Faial
Y si el interior de Faial nos habla de volcanes, Horta nos acerca al carácter marítimo de la isla. Situada en la costa oriental, la capital es uno de los lugares con mayor personalidad de las Azores. Su puerto ha sido durante décadas un importante punto de escala para navegantes que cruzan el Atlántico, especialmente para quienes realizan travesías entre Europa y América.
Uno de los lugares más característicos de Horta es su Marina, cuyas paredes y espacios del puerto están cubiertos por pinturas y mensajes dejados por navegantes de todo el mundo. Esta tradición ha convertido el puerto en una auténtica colección de recuerdos de las travesías atlánticas.
Pasear por Horta permite además descubrir sus calles, iglesias, casas tradicionales y jardines, mientras que desde diferentes puntos de la ciudad se obtienen buenas vistas hacia el océano y, en los días despejados, hacia la vecina isla de Pico, dominada por la silueta de su enorme volcán.
Isla de Pico: el gran volcán de las Azores
Desde prácticamente cualquier punto de Faial podemos contemplar nuestro siguiente destino: la isla de Pico, otro de los destinos si buscamos qué ver en las Azores. La isla está dominada por la imponente silueta del volcán que le da nombre. Con sus 2.351 metros de altitud, el Pico es la montaña más alta de Portugal y se eleva de forma espectacular desde el océano, convirtiéndose en el gran protagonista del paisaje de la isla.
El volcán de Pico
La presencia del volcán se hace evidente en buena parte de Pico. Sus laderas están cubiertas por extensiones de roca volcánica y antiguos caminos que permiten acercarse a la montaña y descubrir cómo las sucesivas erupciones han ido construyendo el paisaje. Para quienes quieren afrontar el ascenso hasta la cumbre, la ruta parte de la zona de acceso a la montaña y supone un recorrido exigente, especialmente en su tramo final. Desde lo alto, en condiciones favorables, las vistas alcanzan buena parte del archipiélago y permiten contemplar las islas vecinas desde una perspectiva privilegiada.
Pero no es necesario subir hasta la cima para disfrutar del volcán. Recorrer sus laderas y acercarse a los diferentes paisajes que lo rodean permite comprender la enorme dimensión de esta montaña y su influencia sobre la isla. La combinación de la roca negra de las coladas de lava con el intenso verde de la vegetación crea algunos de los paisajes más característicos de las Azores.
Los viñedos y los paisajes volcánicos
En la costa occidental encontramos uno de los ejemplos más singulares de cómo los habitantes de Pico han sabido aprovechar un terreno aparentemente poco adecuado para la agricultura. Se trata del Paisaje de la Cultura de la Viña de la Isla de Pico, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO. Aquí los viñedos crecen entre antiguos terrenos de lava, protegidos del viento y del agua del mar mediante una extraordinaria red de pequeñas parcelas delimitadas por muros de piedra volcánica.
Estas construcciones, conocidas como «currais», forman un impresionante entramado de líneas de piedra que se extiende por buena parte del litoral. El resultado es un paisaje en el que naturaleza, vulcanismo y actividad humana aparecen completamente integrados.
La visita a Pico puede completarse bajo tierra en la Gruta das Torres, uno de los mayores tubos volcánicos conocidos de Portugal que podemos ver en las Azores. Formado por antiguas coladas de lava, su interior permite observar diferentes estructuras y formaciones creadas durante el enfriamiento de la roca y comprender, de una manera especialmente cercana, los procesos volcánicos que han dado forma a la isla.
Pico nos ofrece así una experiencia diferente dentro de nuestro recorrido por las Azores: una isla construida alrededor de un gran volcán, donde la fuerza de la naturaleza y la capacidad del ser humano para adaptarse a ella han creado un paisaje de enorme personalidad.

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Isla de San Jorge: las fajãs y los acantilados del Atlántico
Después de recorrer Pico, continuamos nuestro viaje por las Azores hasta la isla de San Jorge, una de las más alargadas y montañosas del archipiélago. Su paisaje es muy diferente al de las islas anteriores: aquí las protagonistas son las montañas, los profundos acantilados y las fajãs, pequeñas llanuras que se extienden junto al océano al pie de las escarpadas paredes de la costa.
Las fajãs
Las fajãs se originaron principalmente como consecuencia de antiguos desprendimientos de tierra y materiales volcánicos desde las laderas hacia el mar. Algunas de ellas son prácticamente inaccesibles por carretera y solo se pueden alcanzar a pie, lo que ha contribuido a conservar unos paisajes especialmente tranquilos y poco transformados.
Una de las mejores formas de descubrir este singular paisaje es mediante la ruta que parte de Serra do Topo y desciende progresivamente hacia la costa. El camino se abre paso entre una vegetación exuberante, acompañada en buena parte del recorrido por las características hortensias de las Azores, hasta alcanzar la espectacular Fajã da Caldeira de Santo Cristo.
Ruta hacia Santo Cristo
La llegada a la fajã supone un cambio radical de paisaje. Después del descenso por la montaña, aparecen ante nosotros las pequeñas construcciones, los cultivos y la laguna, situada prácticamente junto al océano. La Laguna de Santo Cristo está comunicada con el mar y constituye uno de los elementos más característicos de este lugar. En sus aguas se crían las famosas almejas de Santo Cristo, consideradas una de las especialidades gastronómicas de San Jorge y que podemos probar en alguno de los pequeños establecimientos de la zona.
Desde Santo Cristo podemos continuar caminando junto a la costa hasta alcanzar la Fajã dos Cubres, otro de los lugares más conocidos de San Jorge. El recorrido permite disfrutar de una costa extraordinariamente verde, con las montañas elevándose a nuestra espalda y el Atlántico extendiéndose frente a nosotros.
Las fajãs no son únicamente un fenómeno geológico. Durante siglos, algunas de ellas fueron aprovechadas para cultivar y establecer pequeñas comunidades, a pesar de su aislamiento. Hoy recorrer estos antiguos caminos permite descubrir una forma de vida estrechamente ligada al territorio y comprender mejor la relación entre los habitantes de San Jorge y un paisaje tan abrupto. Es otro de los paisajes que recomendamos especialmente al decidir qué ver en las Azores.

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Isla de Terceira: volcanes, bosques y Angra do Heroísmo
Terceira será la última isla de nuestro recorrido y también una de las que mejor combina paisajes volcánicos, naturaleza y patrimonio histórico. Su capital, Angra do Heroísmo, es uno de los grandes atractivos de la isla y su centro histórico fue declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO.
Angra do Heroísmo y paisaje
Angra do Heroísmo está estrechamente ligada a la historia marítima de las Azores. Su puerto tuvo durante siglos una gran importancia como escala para los barcos que atravesaban el Atlántico, y su privilegiada situación convirtió a la ciudad en un punto estratégico para las rutas entre Europa, África y América. Pasear por sus calles permite descubrir edificios históricos, iglesias, casas tradicionales y plazas que conservan buena parte de su carácter original.
Fuera de la ciudad, el paisaje de Terceira vuelve a estar dominado por el origen volcánico de la isla. Nos llamará especialmente la atención la peculiar distribución de los terrenos agrícolas, divididos mediante muros y pequeñas parcelas que forman curiosos dibujos geométricos sobre el intenso verde del paisaje. Esta forma de organizar el territorio es otra muestra de cómo los habitantes de las Azores han sabido adaptar la agricultura a un terreno marcado por la actividad volcánica y por las condiciones del Atlántico.
Misterios Negros
En el interior de la isla recorreremos la Reserva Forestal Natural dos Mistérios Negros, un espacio de gran interés geológico y paisajístico. El nombre hace referencia a las oscuras coladas de lava que surgieron durante erupciones relativamente recientes y que hoy aparecen cubiertas en parte por una exuberante vegetación. El sendero atraviesa un paisaje de aspecto casi selvático, con criptomerias, cedros y otras especies que contrastan con la oscuridad de las rocas volcánicas.
Muy cerca encontramos las Furnas do Enxofre, uno de los lugares donde podemos observar de forma más evidente la actividad geotérmica de Terceira. Desde el subsuelo escapan gases y vapores, recordándonos que bajo el paisaje aparentemente tranquilo de la isla continúa existiendo una importante actividad volcánica.
La ruta nos llevará también hasta la Lagoa das Patas, un pequeño lago rodeado de vegetación y árboles que crea un ambiente especialmente tranquilo. El contraste con los paisajes volcánicos que hemos encontrado en otros lugares de Terceira hace que este rincón resulte especialmente agradable para detenerse y disfrutar del entorno.
Algar do Carvão
Pero si hay un lugar que destaca especialmente entre todo lo que podemos ver en Terceira, ese es el Algar do Carvão. Se trata de una impresionante cavidad volcánica formada en el interior de un antiguo volcán, a la que se accede descendiendo por una serie de escaleras hasta penetrar en las profundidades de la tierra. En su interior podemos contemplar las paredes cubiertas de vegetación y diferentes formaciones volcánicas, mientras que en el fondo aparece un pequeño lago que recoge el agua de lluvia.
Descender al interior del Algar do Carvão supone prácticamente cambiar de paisaje en cuestión de minutos: del verde intenso de la superficie pasamos a un mundo de roca, oscuridad y formas creadas por las antiguas erupciones. Es, sin duda, uno de los lugares más sorprendentes de nuestro recorrido por las Azores y un magnífico punto final para descubrir el origen volcánico de Terceira. Sin duda, una visita imprescindible para quienes buscan qué ver en las Azores y quieren conocer de cerca la extraordinaria historia volcánica del archipiélago.
Qué ver en las Azores: Rutas de senderismo
Una de las mejores maneras de descubrir qué ver en las Azores es hacerlo a pie, siguiendo los numerosos senderos que atraviesan sus paisajes volcánicos. Durante nuestro viaje realizamos diferentes rutas por algunas de las islas y pudimos disfrutar de una perspectiva mucho más cercana de sus lagunas, bosques, acantilados y fajãs. A continuación puedes consultar los mapas de algunas de estas rutas y acceder a sus recorridos en Wikiloc para conocer con más detalle sus trazados.









Doñana. Paraíso Natural en Andalucía