Las montañas de León ofrecen escenarios de gran belleza durante todo el año, pero es en otoño cuando alcanzan una expresividad única haciendo alguna ruta de senderismo por el Valle de Sajambre y las montañas de Riaño.
Cuando el verano se retira y el otoño avanza, los bosques se tiñen de amarillos, ocres y rojizos; el aire se vuelve más nítido, y los caminos recuperan una calma que invita a caminar sin prisa. En esta estación, tanto el Parque Regional de la Montaña de Riaño y Mampodre como el Valle de Sajambre, dentro del espacio espectacular de los Picos de Europa, ofrecen algunas de las rutas más bellas del norte peninsular.
La Galería de Fotografías te muestra tres de ellas, sin grandes dificultades si tenemos un mínimo hábito de caminar: una travesía desde el Mirador de Piedrashitas hasta Oseja de Sajambre siguiendo parte de la histórica Senda del Arcediano; un recorrido circular desde la población de Burón que se adentra en los hayedos y Valles de Mirva y Rabanal; y una tercera caminata por los parajes de Boca de Huérgano atravesando el silencioso Bosque de Matapiojos.
Como complemento ideal, la visita a la villa de Riaño y la posibilidad de navegar por los conocidos “fiordos leoneses” cierran una escapada perfecta para quienes buscan disfrutar de la naturaleza y la tranquilidad.
¿Quieres comenzar viendo completa la Galería de Fotografías de estas tres rutas de Senderismo de otoño por Sajambre y Riaño?
1. Del Mirador de Piedrashitas a Oseja de Sajambre por la Senda del Arcediano
El Mirador de Piedrashitas es uno de esos balcones naturales que parecen suspendidos en el vacío, con una panorámica que deja sin palabras. Desde aquí se contempla la grandiosidad del Valle de Sajambre, con sus laderas empinadas, sus hayedos centenarios y el perfil inconfundible de los Picos de Europa recortándose sobre el horizonte. Este punto de partida ya transmite la sensación de que la ruta será especial, y así es desde los primeros pasos.
El camino se dirige hacia Oseja de Sajambre siguiendo un tramo de la famosa Senda del Arcediano, uno de los pasos históricos entre Asturias y León. Durante siglos fue transitado por arrieros, comerciantes, viajeros y pastores que convirtieron este sendero en una vía fundamental de comunicación entre ambas vertientes de la cordillera.

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Caminar por él en otoño tiene un aura casi mística: la luz tamizada entre los árboles, la humedad que asciende desde el valle, el crujido de las hojas bajo las botas y la presencia constante de los colores otoñales generan una sensación de viaje en el tiempo.
Esta parte de la Senda del Arcediano transcurre entre hayedos y robledales especialmente espectaculares durante el mes de octubre y comienzos de noviembre. Según se desciende hacia Oseja, el bosque se vuelve más denso y la pendiente invita a caminar con paso tranquilo. Los tramos calzados, los muros de piedra y ciertos restos del antiguo trazado atestiguan el carácter histórico del sendero.
Oseja de Sajambre, destino final de esta primera ruta, es uno de los pueblos más emblemáticos del valle. Su arquitectura tradicional, la iglesia parroquial, la fuente y las antiguas casonas montañesas guardan el encanto de los pueblos de alta montaña.
Además, Oseja es punto de acceso a múltiples senderos y un excelente lugar para reponer fuerzas con gastronomía local antes de regresar o continuar explorando. Quienes buscan senderismo de otoño por Sajambre y Riaño encuentran aquí un refugio perfecto entre naturaleza y tradición.
2. Ruta circular desde Burón por los valles y hayedos de Mirva y Rabanal
La segunda ruta parte de Burón, una localidad con una historia marcada por la construcción del embalse que transformó el valle en el siglo XX. Pero hoy vive una nueva etapa como puerta de entrada al Parque Regional de la Montaña de Riaño y Mampodre. Desde su casco urbano se inicia una ruta circular que atraviesa algunos de los paisajes boscosos más hermosos de la montaña leonesa.
El acceso hacia Mirva asciende suavemente entre praderas y pastizales donde el ganado aún pasta en libertad. A medida que el camino avanza, el paisaje se adentra en un hayedo denso y silencioso.
En otoño, este bosque es un espectáculo: las hojas cubren el suelo formando alfombras doradas, la luz crea reflejos cálidos y los troncos de las hayas, rectos y lisos, parecen columnas de un templo natural. La humedad del ambiente alimenta líquenes y musgos que tapizan rocas y raíces, añadiendo una sensación de frescor constante.
El valle de Mirva se abre después en un espacio amplio y luminoso, con arroyos que descienden entre piedras calizas y pequeñas praderas donde los ciervos suelen dejar rastros de su presencia.
El recorrido continúa hacia el valle de Rabanal, donde el contraste con Mirva ofrece una nueva experiencia visual. Aquí los bosques son más variados, alternándose hayedos, robledales y zonas de vegetación más baja. Las formas erosionadas del paisaje muestran la huella de glaciares antiguos y de la actividad ganadera tradicional, presente en majadas y bordas que salpican los caminos.

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La vuelta a Burón se realiza cerrando el círculo y descendiendo progresivamente hacia el núcleo urbano, desde donde se disfruta una vista privilegiada del entorno y del embalse que domina el paisaje.
Esta ruta es especialmente apta para disfrutar de un día completo de Senderismo de otoño por Sajambre y Riaño, ya que combina tramos de bosque cerrado, espacios abiertos y un nivel de exigencia moderado.
3. Desde Boca de Huérgano al bosque de Matapiojos
Boca de Huérgano es otra de las localizaciones clave del Parque Regional de Riaño y Mampodre. Su situación estratégica, en el punto donde se encuentran varios valles, la convierte en un lugar privilegiado para iniciar rutas hacia algunos de los bosques más puros de la zona.
Entre ellos destaca el de Matapiojos, un nombre que llama la atención por su sonoridad y que esconde uno de los hayedos más silenciosos y mejor conservados del entorno. La ruta comienza en el propio pueblo, avanzando por pistas y senderos cómodos que poco a poco se adentran en el bosque.
Matapiojos es el prototipo de hayedo montano: copas altas que filtran la luz, sotobosque limpio con suaves lomas cubiertas de hojas, y un silencio profundo que solo rompen los pájaros o el crujido de alguna rama. En otoño la atmósfera se transforma por completo: la paleta cromática abarca todos los matices del amarillo al rojo, con una intensidad que se renueva cada día según el viento y la humedad.
Este paseo invita a detenerse, a observar los detalles y a caminar sin prisa. Las formas de las hayas, retorcidas en algunos casos por décadas de nieve y viento, parecen figuras escultóricas. En días de niebla el bosque se vuelve aún más mágico, con una luz difusa que crea un ambiente casi irreal.
Tras atravesar la zona más profunda del hayedo, la ruta se abre hacia zonas de pasto y áreas despejadas donde se obtienen vistas magníficas del valle. El regreso a Boca de Huérgano completa un recorrido ideal para hacer en familia o como parte de una escapada tranquila. Su belleza otoñal lo convierte en uno de los rincones más especiales para quienes buscan auténtico senderismo de otoño por Sajambre y Riaño.

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Riaño y los “fiordos leoneses”: el complemento perfecto a las rutas
Después de caminar por estos valles y bosques, la visita a Riaño es casi obligada. Esta población, reconstruida tras el embalse que anegó la antigua villa, se ha convertido en un referente turístico de la montaña leonesa.
El nuevo Riaño cuenta con miradores espectaculares, como el de Las Hazas o uno de los múltiples “bancos más bonitos del mundo”. Desde ellos se contempla el agua azul del embalse y las cumbres que lo rodean, creando una estampa de enorme belleza.
Pero si hay algo que distingue a Riaño es la posibilidad de navegar por sus aguas en los llamados “fiordos leoneses”. Estos mini cruceros (más información) permiten adentrarse entre los recodos del pantano, acercarse a las paredes verticales que caen directamente al agua y entender la magnitud del entorno. Todo ello bajo la silueta inconfundible del Pico Gilbo, conocido como el Cervino leonés por su parecido perfil con la emblemática cumbre alpina.
La experiencia, especialmente en otoño, es sorprendente: los colores de los bosques reflejados en el agua y la quietud del embalse convierten el paseo en un momento de relajación y contemplación difícil de olvidar.
Muchos visitantes combinan estas actividades acuáticas con sesiones de fotografía, observación de fauna o simplemente un paseo por Riaño. También se pueden visitar el Museo Etnográfico, el hórreo y el conocido rebaño de esculturas que homenajea a la cultura pastoril.
Mapas de las Rutas
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